Por Gerardo Silva Diaz, entrenador nacional
El 99,8% del fútbol chileno es amateur. Si no fortalecemos esa base con formación y calendario, no habrá otra generación dorada por casualidad.
Hace diez años Chile se miraba al espejo y se reconocía campeón. Dos Copas América seguidas. Dos mundiales consecutivos. Una identidad de juego que el mundo aplaudía. Hoy ese espejo devuelve otra imagen: una selección a la deriva, un recambio que no llega y una pregunta que se repite en cada eliminatoria: ¿y ahora quién podrá defendernos?
La respuesta duele porque es simple. Lo que tuvimos y disfrutamos con la generación dorada fue fortuito. No obedeció a una planificación nacional. Fue la coincidencia feliz de una camada extraordinaria de jugadores con técnicos que entendieron el momento. Jugadores y entrenadores se encontraron en el tiempo justo. Por esa misma razón, así como llegó, se fue desvaneciendo. Sin estructura que la sostuviera, el proyecto se consumió solo.
Llegó la hora de asumirlo. Chile necesita un plan para potenciar su estructura futbolística. No un plan de marketing. No otro anuncio para la galería. Un plan de país, con objetivos, plazos, instituciones convocadas y recursos comprometidos.
El fútbol chileno lleva años girando alrededor del resultado económico inmediato. Eso está bien para los clubes, pero es insuficiente para el país. Las competencias deben tener como norte el crecimiento deportivo, la formación y la proyección internacional. Nuestra participación en torneos Conmebol y FIFA debe volver a tener estándares de calidad y propósitos cualitativos.
No podemos seguir compitiendo solo para cumplir el calendario. Si salimos a la cancha internacional sin preparación, sin minutos de competencia real en el cuerpo y sin una idea país, vamos a seguir coleccionando eliminaciones tempranas.
La fuerza está donde no miramos: el fútbol amateur.
Aquí está el corazón del problema y también de la solución. Debemos entender de una vez que la potencia del fútbol chileno está en la masificación del fútbol amateur.
Los números son brutales y nadie los discute: el fútbol amateur representa el 99,8% de la actividad futbolística en Chile. La Asociación Nacional de Fútbol Amateur, ANFA, agrupa 328 asociaciones. Cada semana se juegan 13.000 partidos oficiales aproximadamente. A eso súmele Tercera A y Tercera B. Es un universo enorme, vivo, que late todos los fines de semana en canchas de barrio, en plazas, en comunas de Arica a Punta Arenas.
Y sin embargo seguimos siendo indolentes con él. Lo tratamos como el patio trasero. No lo dotamos de conocimiento, ni de entrenadores preparados, ni de competencias serias. Después nos sorprendemos de que no aparezcan jugadores.
No podemos seguir esperando que nos caiga del cielo otra extraña casualidad como la generación dorada. El recambio no puede depender de la suerte, Tiene que nacer de un sistema.
Si queremos reeditar el prestigio ganado entre 2010 y 2016, tenemos que trabajar en tres ejes:
1. Formación técnica regionalizada.
Es perentorio crear centros de formación para entrenadores aficionados en cada región. Quien dirige a un niño de 9 años en Rengo, en Coyhaique o en Iquique, merece tener las mismas herramientas que un formador en Europa. Contenidos modernos, certificación, acompañamiento y evaluación. El técnico de barrio es el primer seleccionador nacional. Tratémoslo como tal.
2. Calendario competitivo con continuidad.
Hay que crear ligas y torneos anuales, estables, con ascenso, descenso y objetivos claros. Terminar definitivamente con los torneos de verano y los campeonatos que duran dos meses y mueren. El jugador se hace jugando. Necesita ritmo, necesita partidos, necesita exigencia semana a semana.
3. Programa serio de iniciación.
Dotar al fútbol amateur de recursos básicos: materiales, canchas en condiciones, planificación deportiva. Que cada asociación tenga un proyecto formativo, no solo un fixture. Que el niño que llega a los 6 años tenga un camino claro hasta los 18, En este punto la responsabilidad es directa. La ANFA es el principal eslabón de nuestro fútbol. Por volumen, y por historia.
Por formar parte de la Federación de Fútbol de Chile tiene el deber, la autoridad y el derecho de exigir recursos e invertir en su amplio campo de acción. Pero también tiene la obligación de modernizar sus protocolos. De profesionalizar su gestión. De entender que administrar 328 asociaciones y 13 mil partidos a la semana no se hace con buena voluntad solamente. Se hace con planificación.
No podemos esperar que la ANFP y la empresa privada ofrezcan la solución. Ellos tienen su rol. Pero el éxito internacional de Chile depende única y exclusivamente de fortalecer la base. Y esa base se llama ANFA.
Ojalá la Federación de Fútbol de Chile ordene la casa y desempolve los archivos. Ahí, con seguridad, encontrará el programa que intentó levantar hace años el legendario entrenador croata Mirko Jozić. Un programa que tenía relación directa con todo lo que comento. Jozić no solo entendió la importancia del fútbol amateur. Trabajó directamente con él. Sabía que sin base no hay techo.
Es el momento de que nuestras autoridades deportivas trabajen en un plan de desarrollo con la mejor actitud y voluntad. Por el bien de las nuevas generaciones.
Si no lo hacemos, dentro de cuatro años volveremos a escribir la misma columna, con otros nombres y el mismo diagnóstico. Y seguiremos preguntando: ¿y ahora quién podrá defendernos?
Sería una lástima que la respuesta siga siendo “nadie”.
Tenemos el material humano. Tenemos la pasión. Tenemos las canchas llenas cada domingo. Lo único que nos falta es decisión para organizarlo.
Chile ya demostró que puede ganar. Ahora le toca demostrar que puede planificar.

