Chile es un país sísmico, y eso lo sabemos muy bien quienes vivimos en Ovalle, en la
provincia del Limarí y en toda la Región de Coquimbo. Por eso, a propósito de los últimos
temblores registrados y de los comentarios que han surgido sobre la posibilidad de un
sismo de mayor magnitud en el norte del país, el llamado es claro: no se trata de alarmarse,
sino de estar preparados.
Los sismos no se pueden predecir con día ni hora, pero sí podemos reducir riesgos si
actuamos con responsabilidad y anticipación. La prevención comienza en la casa, en el
trabajo, en la escuela y también en la calle. Tener un plan familiar, conversar con los niños,
apoyar a los adultos mayores y saber qué hacer antes, durante y después de un movimiento
fuerte puede marcar una gran diferencia.
De acuerdo con las recomendaciones de SENAPRED, ante un sismo lo primero es
mantener la calma y ubicarse en un lugar de protección sísmica. Si estamos dentro de una
vivienda o edificio, debemos protegernos y afirmarnos bajo un elemento firme, como una
mesa resistente, también es importante mantenerse lejos de ventanas, vidrios, muebles
altos, lámparas u objetos que puedan caer.
En el hogar, una medida sencilla pero muy importante es revisar la ubicación de los
muebles. No conviene tener estantes, vitrinas o muebles pesados cerca de puertas, pasillos o
salidas, porque podrían caer, bloquear el paso o lesionar a alguna persona. También es
recomendable mantener despejadas las vías de evacuación y definir con anticipación un
punto seguro de encuentro para toda la familia.
Otro aspecto fundamental es preparar un pequeño kit de emergencia, que esté en un lugar
visible y de fácil acceso. Este kit puede incluir agua, alimentos no perecibles, linterna,
pilas, radio portátil, botiquín básico, medicamentos necesarios, documentos importantes,
cargador externo para celular y dinero en efectivo. SENAPRED recomienda contar con
provisiones básicas para enfrentar una emergencia durante al menos 48 a 72 horas.
Si el temblor fuerte nos sorprende en la calle, lo aconsejable es alejarse de edificios, postes,
cables eléctricos, cornisas, muros o cualquier estructura que pueda caer. Si vamos
manejando, se debe detener el vehículo en un lugar seguro, lejos de puentes, tendidos
eléctricos o árboles grandes.
La tranquilidad es clave. En momentos de emergencia, correr, gritar o actuar
desesperadamente puede aumentar el riesgo. Por eso es importante conversar estos temas
con anticipación, especialmente con los niños, para que sepan cómo reaccionar. También
debemos preocuparnos de los adultos mayores, personas con movilidad reducida, vecinos
que viven solos y mascotas, porque todos forman parte de la familia y de la comunidad.
Después de un sismo fuerte, se recomienda cortar la energía eléctrica si existe daño visible,
cerrar las llaves de paso de agua y gas si hay sospecha de fuga, revisar posibles lesiones y
no usar el teléfono para llamadas innecesarias, privilegiando mensajes de texto o
aplicaciones de mensajería para no saturar las redes. Además, siempre se debe seguir la
información entregada por los organismos oficiales.
El mensaje para Ovalle y la provincia del Limarí es simple: vivir en un país sísmico nos
obliga a estar preparados todo el año. La prevención no es miedo, es responsabilidad. Tener
una linterna a mano, el celular cargado, una ruta despejada, un punto de encuentro definido
y un plan familiar puede entregar tranquilidad cuando más se necesita.
Prepararse no significa vivir asustados. Significa cuidar la vida, proteger a la familia y
actuar con calma frente a una realidad que forma parte de nuestra historia como país.

