Por :Gerardo Silva Diaz, entrenador nacional
El fútbol chileno hoy tiene casi 100 equipos distribuidos en cinco categorías: tres profesionales y dos aficionadas. Un número que, en el papel, parece potente. Pero la realidad es otra.
Aproximadamente el 40% de los clubes trabaja con el fútbol joven. El otro 60% no le otorga ninguna importancia al trabajo formativo. Así, simplemente, no hay futuro. Estamos hipotecando el mañana por no querer formar hoy.
A eso se suma otro problema central, geográfico, que encarece absolutamente la competición. Chile es largo y jugar de Arica a Punta Arenas le cuesta una fortuna a todos. Estamos obligados a repensar el sistema y a construir, de una vez por todas, torneos regionalizados que abaraten costos y permitan competir con dignidad.
Pero quizás la brecha más grande, la herida más profunda que tiene nuestro fútbol, es la falta total de un proyecto integral entre el fútbol profesional y el amateur. Dos mundos que no se hablan, que no logran ponerse de acuerdo para elaborar un plan de desarrollo común. Y en ese plan deben estar, perentoriamente, el Ministerio de Educación y el Ministerio del Deporte.
Necesitamos su apoyo. Necesitamos que esas carteras entiendan que el potrero es el origen de todo y que deben ayudar a fortalecer y fiscalizar el desarrollo del fútbol en nuestro territorio nacional.
Porque para desarrollar nuestro fútbol, primero necesitamos masificar.
Imagínese por un momento que los casi 100 clubes de Chile, todos, trabajaran con fútbol joven. Si cada uno tuviera sus series formativas, podríamos realizar con ellos mismos torneos regionalizados, con muchos partidos en el año, sin grandes viajes y con competencia real semana a semana. Ahí sí estaríamos formando a través de la masificación.
Que el niño vuelva a las canchas. Que la familia vuelva a interesarse por el trabajo deportivo de sus hijos y por el desarrollo integral que el deporte le puede entregar. Que el papá y la mamá y los abuelos vuelvan a estar el sábado en la mañana al borde de la cancha, acompañando, alentando y disfrutando.
Una vez que eso suceda, el proceso selectivo se dará de manera natural y con niveles de excelencia.
El fútbol escolar y el fútbol asociado comunal deben tener una masificación significativa en los próximos años. Esa es la base de la pirámide. Sin base, nada se puede proyectar.
Si queremos volver en gloria a la competencia internacional, el camino no empieza en Juan Pinto Durán. Empieza en la multicancha de la población, en el potrero del colegio, en la cancha del club amateur de cualquier comuna de nuestro país.
Ahí está el futuro del Fútbol Chileno.

