{"id":312,"date":"2026-05-07T16:14:25","date_gmt":"2026-05-07T20:14:25","guid":{"rendered":"https:\/\/alondrafm.cl\/home\/?p=312"},"modified":"2026-05-08T07:05:07","modified_gmt":"2026-05-08T11:05:07","slug":"rieles-de-fe-y-nostalgia-el-antiguo-viaje-en-tren-desde-ovalle-a-la-fiesta-del-nino-dios-desotaqui","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alondrafm.cl\/home\/artes-cultura\/rieles-de-fe-y-nostalgia-el-antiguo-viaje-en-tren-desde-ovalle-a-la-fiesta-del-nino-dios-desotaqui\/","title":{"rendered":"Rieles de fe y nostalgia: El antiguo viaje en tren desde Ovalle a la Fiesta del Ni\u00f1o Dios deSotaqu\u00ed"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La fiesta Religiosa del Ni\u00f1o Dios de Sotaqu\u00ed no comenzaba al llegar al pueblo. Comenzaba<br>mucho antes, con los preparativos de la casa, en el olor del pan amasado reci\u00e9n salido del<br>horno, en el pollo cocido que se guardaba como fiambre, en los huevos duros envueltos<br>con cuidado, en los canastos de mimbre que las madres ordenaban como si prepararan un<br>viaje sagrado. Comenzaba en la emoci\u00f3n de los ni\u00f1os, en el apuro de los mayores, en la<br>ropa limpia reservada para la ocasi\u00f3n y en esa mezcla de alegr\u00eda y respeto que anunciaba<br>que no se trataba de cualquier paseo: se iba a ver al Ni\u00f1ito Dios de Sotaqu\u00ed.<br>Para muchas familias de Ovalle y de distintos rincones del Limar\u00ed, ir a la fiesta era un<br>acontecimiento mayor. Y cuando se iba en tren, el viaje ten\u00eda una magia dif\u00edcil de explicar.<br>La estaci\u00f3n se llenaba de voces, de paquetes, de sombreros, de canastos, de ni\u00f1os<br>tomados de la mano y de adultos que miraban la hora con ansiedad. El tren no era solo un<br>medio de transporte. Era parte de la fiesta. Su silbato parec\u00eda despertar la memoria de<br>todos los pueblos, y cuando comenzaba a avanzar, los corazones tambi\u00e9n part\u00edan rumbo a<br>Sotaqu\u00ed.<br>En los carros viajaban familias completas. Algunos iban conversando animadamente,<br>otros rezaban en silencio. No faltaba quien llevara una guitarra, quien compartiera una<br>tortilla, quien ofreciera un pedazo de pan amasado o un huevo duro al vecino de asiento.<br>Los ni\u00f1os miraban por la ventana como si el mundo pasara en una pel\u00edcula. Para ellos,<br>subirse al tren ya era una aventura inolvidable. Para los mayores, era volver a cumplir con<br>una tradici\u00f3n heredada de padres y abuelos.<br>Al llegar, Sotaqu\u00ed recib\u00eda a los peregrinos con ese aire especial de los pueblos cuando est\u00e1n<br>de fiesta. Las calles se llenaban de movimiento, de promesantes, de vendedores, de<br>m\u00fasicos, de familias que buscaban un lugar donde instalarse.<br>Muchos descansaban bajo la sombra de los paltos, agradeciendo ese refugio fresco<br>despu\u00e9s del viaje y del calor. All\u00ed era precisamente donde se abr\u00edan los canastos y aparec\u00eda<br>la comida sencilla, generosa, preparada con amor: pollo en fiambre, huevos duros, pan<br>amasado, queso, frutas, bebidas guardadas con cuidado. No era un almuerzo elegante,<br>pero ten\u00eda el sabor profundo de la familia reunida, de la tradici\u00f3n viva, de la fe<br>compartida.<br>A un costado, la fiesta tambi\u00e9n se expresaba en los puestos de comida. El olor a cazuela<br>caliente se mezclaba con el humo de los asados. Las ollas grandes parec\u00edan alimentar no<br>solo el cuerpo, sino tambi\u00e9n el alma de quienes llegaban desde lejos. Hab\u00eda platos<br>servidos con cari\u00f1o, mesas improvisadas, vendedores llamando a los visitantes, ni\u00f1os<br>pidiendo algo dulce y adultos disfrutando ese ambiente popular donde todos parec\u00edan<br>conocidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Fiesta del Ni\u00f1o Dios de Sotaqu\u00ed de anta\u00f1o era religi\u00f3n, pero tambi\u00e9n era encuentro,<br>memoria, comunidad y sentido de pertenencia.<br>Y entonces aparec\u00edan los bailes religiosos, conocidos tambi\u00e9n como bailes chinos. Su<br>presencia llenaba el ambiente de solemnidad y emoci\u00f3n. Con sus trajes, sus sonidos, sus<br>pasos y su devoci\u00f3n, eran una de las expresiones m\u00e1s profundas de la fiesta. No bailaban<br>para ser mirados como espect\u00e1culo. Bailaban por fe.<br>Bailaban por promesa. Bailaban por gratitud. Cada movimiento parec\u00eda venir de una<br>historia antigua, de una manda cumplida, de una s\u00faplica hecha en silencio, de un milagro<br>recibido o esperado.<br>El sonido de los bailes chinos estremec\u00eda. Hab\u00eda en ellos algo de tierra, de cielo y de<br>pueblo. Eran hombres y mujeres entregando su cansancio al Ni\u00f1ito Dios, avanzando entre<br>la multitud con una fuerza espiritual que conmov\u00eda hasta a los menos religiosos. Muchos<br>los observaban con respeto, otros se persignaban a su paso, y algunos, al verlos,<br>recordaban a sus propios padres o abuelos que tambi\u00e9n hab\u00edan llegado alguna vez a<br>Sotaqu\u00ed con los pies cansados y el coraz\u00f3n lleno de esperanza.<br>Porque para los m\u00e1s creyentes, la fiesta ten\u00eda un sentido todav\u00eda m\u00e1s hondo. No se iba<br>solo a pasear ni a comer ni a encontrarse con conocidos. Se iba a cumplir mandas. Algunos<br>llegaban caminando, otros de rodillas, otros llevando flores, velas o peque\u00f1as ofrendas.<br>Hab\u00eda quienes ven\u00edan a agradecer por una enfermedad superada, por un hijo nacido, por<br>una cosecha salvada, por un favor concedido en medio de la angustia. Cada rostro ten\u00eda<br>una historia. Cada promesante guardaba una conversaci\u00f3n \u00edntima con el Ni\u00f1o Dios.<br>La procesi\u00f3n era el momento en que todo parec\u00eda detenerse. El bullicio bajaba, las<br>miradas se volv\u00edan m\u00e1s serias y el pueblo entero se convert\u00eda en un camino de fe. Entre<br>rezos, cantos, bailes y l\u00e1grimas contenidas, la imagen del Ni\u00f1o Dios avanzaba acompa\u00f1ada<br>por una multitud que no solo caminaba, sino tambi\u00e9n por los recuerdos de su propia vida.<br>Muchos levantaban a sus ni\u00f1os para que pudieran verlo. Otros juntaban las manos.<br>Algunos lloraban en silencio. Hab\u00eda una emoci\u00f3n antigua, una devoci\u00f3n sencilla y<br>poderosa que un\u00eda a todos bajo el mismo sol.<br>En esa procesi\u00f3n iban tambi\u00e9n los ausentes. Iban los abuelos que alguna vez tomaron el<br>tren con sus canastos. Iban las madres que preparaban el pan amasado de madrugada.<br>Iban los padres que buscaban sombra bajo los paltos para que descansara la familia. Iban<br>los ni\u00f1os de antes, hoy convertidos en adultos, que todav\u00eda recuerdan el silbato del tren,<br>el olor de la cazuela, el sonido de los bailes religiosos y la imagen del Ni\u00f1ito Dios como una<br>luz peque\u00f1a y eterna en medio del pueblo.<br>Hoy, aunque los tiempos hayan cambiado y ya no todos lleguen como antes, el recuerdo<br>de aquel tren sigue viajando por la memoria. Sigue llevando familias, canastos, promesas,<br>canciones y esperanzas. Sigue pasando por los campos del Limar\u00ed rumbo a Sotaqu\u00ed. Sigue<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">llegando a la sombra de los paltos, al sonido de los bailes chinos, al aroma de los asados y<br>las cazuelas, al murmullo de la procesi\u00f3n.<br>Porque hay viajes que no terminan nunca. Y el viaje al Ni\u00f1o Dios de Sotaqu\u00ed, para muchos<br>ovallinos y limarinos, sigue siendo uno de los caminos m\u00e1s hermosos de la memoria y de<br>la fe.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La fiesta Religiosa del Ni\u00f1o Dios de Sotaqu\u00ed no comenzaba al llegar al pueblo. 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