La preocupación por el estrés hídrico en la zona volvió a instalarse con fuerza en las autoridades, a raíz de factores como la sequía estructural, la poca acumulación de nieve, la escasez de lluvias y el estado critico de los embalses.
Ademas de las preocupaciones contenidas en el estudio de abril de este año, de la Universidad de Chile y publicado en la prestigiosa revista Annals of Glaciology.
Otros datos relevantes los contiene la versión más reciente del World Resources Intitute, que en su ranking de estrés hídrico, sitúa a Chile en el puesto 16 del mundo.
El miércoles, la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) entregó sus proyecciones respecto a las precipitaciones para esta temporada de invierno, junto con la confirmación de la presencia de condiciones de El Niño.
Según informó el organismo, para el trimestre de julio, agosto y septiembre, se proyectan precipitaciones acumuladas sobre lo normal en el centro del país «extendiéndose desde la Región de Coquimbo hasta la Región de Magallanes«. «En consecuencia, se prevé que los montos acumulados de precipitación superen los valores climatológicos habituales para este trimestre, configurando un escenario caracterizado por una mayor ocurrencia de eventos de lluvia», aseguraron.
¿Cuánto de este fenómeno podría «aliviar» la situación de estrés hídrico? Pablo T. Silva Jordán, especialista en recursos hídricos de Formation Environmental, comenta que el estrés hídrico es parte esencial de nuestro clima. «por lo tanto, sigue muy presente».
«El problema de fondo es que el sistema está expuesto a una variabilidad creciente: períodos secos prolongados pueden alternarse con eventos intensos de precipitación. La pregunta ya no es solo cuánto llueve en un año, sino cuánta agua logra almacenarse, infiltrarse y quedar disponible para los meses de mayor demanda», subraya.
En ese sentido, enfatiza en que no se puede depender únicamente del año normal: se requiere una gestión más robusta de los recursos hídricos que integre esta variabilidad y se traduzca en mayor seguridad hídrica.
Alex Sánchez, director de Nuevas Tecnologías para la Incidencia Ambiental de la Fundación Ecosur, enfatiza en que el hecho de que este año pueda llover más «ayuda, pero no resuelve».
«Comparado contra la normal (el promedio del período 1991-2020 que se usa como referencia internacional) la zona central viene muy abajo: entre Coquimbo y el Maule el déficit de lluvia supera el 50% en varios sectores, la nieve en cordillera está bajo los registros históricos y hay embalses con menos del 20% de su capacidad en Coquimbo, Valparaíso y el Maule», precisa.
Por eso, si este invierno llueve más de la cuenta, el experto dice que es «bievenido», porque esto recarga embalses, moja suelos, mejora los caudales de primavera. Pero advierte que hay que tener cuidado con dos aspectos.
«Primero, la sequía estructural sigue ahí; las napas subterráneas se siguen agotando y una temporada buena no las recupera», sostiene.
En segundo lugar, que «con temperaturas más altas, parte de lo que antes caía como nieve ahora cae como lluvia. La nieve es el embalse natural de toda la zona central: se guarda en la cordillera y se derrite en verano, cuando más la necesitamos. En cambio la lluvia escurre y se va».
A esto se suma un factor que no se puede perder de vista: el cambio climático no es solo más calor y olas como las de Europa, sino que en todo el mundo este se está manifestando «como una alteración de los patrones de lluvia; es decir, poca agua durante periodos largos (sequía) y de repente, muchísima agua (inundación). Y Chile central aparece entre las tres zonas del planeta donde más aumentará la aridez, junto al Mediterráneo y el oeste de Norteamérica».
«En definitiva: que llueva este invierno alivia el año, pero no cambia el escenario de fondo, que es un clima donde la sequía larga y la inundación de golpe son dos caras de la misma moneda. La pregunta ya no es cuánta agua cae, sino qué hacemos con ella: guardarla cuando sobra, infiltrarla, reutilizarla, y preparar los territorios para recibirla sin que termine inundando a los de siempre. Ese es el trabajo que Chile tiene pendiente», subraya.

